Maternidad y culpabilidad


Llegar a ser la madre que queremos ser a veces no es fácil, incluso podemos llegar a sentirnos culpables por no cumplir esas expectativas. Y si a esto le sumamos los mitos sobre la maternidad que circulan por la sociedad actual, esta tarea de ser la “madre perfecta” se complica.

Cuando nos convertimos en madres aparece frente a nosotras un mundo nuevo, donde suceden cambios a nivel físico, emocional y relacional. Probablemente se dé un objetivo común en todas las madres: criar y cuidar a nuestros hijos de la mejor manera posible respetando sus necesidades.

Y aquí, aparece la primera dificultad ¿cómo quiero criar y cuidar a mi hijo?, ¿quiero criarlo como hicieron mis padres conmigo?, ¿quiero cambiar algunas cosas y/o hay cosas que quiero hacer de la misma manera?, ¿qué valores le quiero inculcar?, ¿cómo puedo inculcarle esos valores? Y, ¡sorpresa!, ¿qué quiere y cómo quiere hacerlo el padre de la criatura?...

Muchas veces este proceso se lleva a cabo de una manera inconsciente o incluso pre-consciente, pero cuando no se llega a cumplir las expectativas que nos hemos propuesto como madres aparece sin llamar a la puerta la CULPABILIDAD.

La segunda dificultad aparece cuando el entorno comienza a opinar sobre como criar a nuestros hijos, qué es lo mejor según ellos, si lo estamos haciendo bien o mal… y cuando estas opiniones, valoraciones y/o juicios no concuerdan con lo que nosotras queremos y creemos que es lo mejor para nuestros hijos, ¡sorpresa! ¿quién aparece de nuevo?, la CULPABILIDAD.

La tercera dificultad se presenta cuando nos damos cuenta, en algunos casos, ¿y mis necesidades dónde se quedan?, ¿quién y cómo las cubre?, ¿soy algo más que madre?, ¿qué pasa con mis amistades, mi trabajo…? Y después de todas estas rumiaciones, y seguramente muchas otras, ¿quién aparece de nuevo?, la CULPABILIDAD.

Si te has sentido identificada, ahora te preguntarás: ¿y qué puedo hacer para no sentirme culpable?. Para esto no hay una respuesta universal, cada uno de nosotros tenemos una mochila, recursos y circunstancias diferentes. No obstante, hay ciertas pautas que nos pueden ayudar en el camino de dejar la culpa atrás:

· Ser conscientes aquí y ahora, es decir, actuar como detective de nuestras emociones, pensamientos y actuaciones. Nos ayudará a la hora de conocer qué nos pasa y cómo nos pasa.

· Para poder cuidar, mamá necesita estar conectada, completa y cuidada.

· La perfección no existe, somos las mejores madres para nuestros hijos. Entre madre e hijo hay un amor incondicional recíproco.

· Disfrutar más de los momentos, sacando nuestro niño interior y dejando a un lado los deberías.

· Aceptar y respetar la culpabilidad, darse permiso para sentirla, sin juzgarnos.

· Aceptar los errores como parte de la vida y una posibilidad de aprendizaje.

La “madre perfecta” no existe e incluso, me atrevo a decir, nuestros hijos tampoco la querrían. Somos las mejores madres que nuestros hijos pueden tener.

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